Cada obra de bolardos, pilonas o topes sigue un orden fijo. No es una secuencia decorativa: cada etapa deja un dato técnico que la siguiente necesita. Acá está el recorrido real, con los tiempos y las decisiones que conviene tener resueltas antes de arrancar.
Visitamos el acceso o la playa de maniobra y medimos ancho de cortina, tipo de contrapiso y radio de giro de los vehículos que entran. De ahí sale el diámetro del bolardo y la separación entre postes. Si el piso es de hormigón viejo, se anota para definir el sistema de anclaje.
Con las medidas en mano se elige el espesor de pared del acero y si la línea lleva pilonas fijas, desmontables o topes de goma. En esta etapa se confirma también el esquema de pintura reflectiva: bandas amarillas y negras, altura de cada franja y cantidad de manos sobre la imprimación anticorrosiva.
Corte de tubos, soldadura de bases de anclaje y refuerzos internos. Los topes de goma se vulcanizan con su núcleo de acero en paralelo. Antes de pintar se revisa que cada base tenga sus cuatro perforaciones alineadas y que las tapas ciegas de las pilonas desmontables encajen sin juego.
La pintura necesita su tiempo de secado antes de mover las piezas, sobre todo en temporada de humedad alta. Se controla espesor de capa, adherencia de la banda reflectiva y que no queden rebabas en los bordes que después van al piso.
Montaje sobre contrapiso curado, fijación con pernos de expansión y verificación de verticalidad poste por poste. Al cerrar se entrega el plano de ubicación y las indicaciones para reponer bandas reflectivas sin desmontar el cuerpo del bolardo.
Antes de arrancar conviene dejar por escrito algunas definiciones. No son letra chica: son las que después evitan idas y vueltas cuando el camión ya está en el portón. Acá van las aclaraciones que más consultas generan en obra.
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